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Categoria: Persones a recordar

Carlos Berzosa: El olvido de la crueldad franquista

amcastells 14/01/2008 @ 13:24

salvador.jpg"Antes de que tuviera ocasión de ver la película Salvador, acerca de la ejecución de Salvador Puig Antich, había hablado con jóvenes que ya la habían visto y que ignoraban por completo los hechos que narra. La mejor descripción la hizo una chica, quien dijo que le pareció impactante. Realmente lo es, y lo que más les extrañaba a estos jóvenes es que esos hechos pudieran haber sucedido en la España de los años setenta. Se enfrentaban, de esta manera, a través de la película, al horror que había supuesto el franquismo, y lo hacían ya no sólo a través de las ideas más o menos vagas que acerca de la dictadura les hubiesen contado en los estudios de bachillerato o de lo que pudiesen haber oído en sus casas. Muchos estudiantes no tienen idea exacta de la brutalidad que supuso el régimen de Franco No sabían nada de la matanza de Montejurra o de la de Vitoria. Algo sí sabían de la de Atocha El mismo desconocimiento de estos hechos recientes por parte de los jóvenes se ponía también en evidencia en una tertulia de radio que, dirigida por Concha García Campoy, se emitía desde los cursos de verano de la Complutense en El Escorial y en la que tuve la ocasión de participar. Al presentar a la actriz Leonor Watling, García Campoy señaló que ésta acababa de terminar el rodaje de Salvador. La actriz mencionó entonces que, antes del rodaje, ni ella ni el resto del equipo tenían conocimiento de esa historia. José Luis Sampedro y yo hablamos en el programa de radio de lo terrible que fue aquel suceso, de la conmoción que nos produjo y de otras ejecuciones que se llevaron a cabo al final del franquismo. Pero es que hay que admitir que resulta lógico que los jóvenes no sepan nada acerca de estos hechos tan cercanos en el tiempo, pues nadie les ha hablado de ellos, lo que es una muestra más de la ocultación a la que se encuentra sometida la historia de España más reciente y lo ominosa que pudo ser aquella parte de nuestra historia. Esta falta de información me recuerda la que también padecimos tantos jóvenes universitarios en la década de los sesenta, incluso entre los que nos enfrentábamos al franquismo.

8488730748.jpgMax Aub arremete en La gallina ciega contra esa juventud que en 1969 no sabía nada acerca de la Guerra Civil, ni de lo que había representado la generación del escritor en el ámbito de las ciencias, las artes y la cultura. Para el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Manuel Aznar Soler, que hace un estudio introductorio a esta obra en la edición de Alba Editorial, este ataque a cuenta de la desmemoria impuesta por el régimen franquista le parece un tanto injusto, pues la culpa no podía ser de aquellos a quienes no se les había enseñado nada de aquello a que se refería Aub o, en todo caso, se lo habían transmitido totalmente deformado. En realidad, no podía ser de otra manera ya que los libros más rigurosos acerca de la República y la Guerra Civil, como los de Hugh Thomas y Gabriel Jackson, estaban prohibidos y no resultaba fácil para muchos adquirirlos en el cuarto de atrás de determinadas librerías o comprarlos en Francia. Llegados a este punto, conviene volver al principio: ¿cómo se encuentra el conocimiento de la juventud universitaria hoy respecto a lo que fue el franquismo y su última etapa? Mi experiencia como profesor universitario es que, salvo una minoría excesivamente pequeña, la mayoría no tiene ningún conocimiento. Esto sucede, además, en un contexto y en un tiempo en el que no es posible excusa alguna, pues ahora no hay libros prohibidos y se han publicado muchos que permiten disponer de una información documentada sobre lo que realmente pasó. Un testimonio notable de todo este desconocimiento lo ofrece Jordi Soler en su libro Los rojos de ultramar, cuando explica el porqué de ese libro basado en las memorias escritas de su abuelo. Pensó, en principio, que su publicación carecía de interés, aunque fueran memorias noveladas, pues no dejaba de ser un libro más sobre la Guerra Civil. Sin embargo, cambió de idea cuando, encontrándose impartiendo una conferencia en la Universidad Complutense, un estudiante le preguntó cómo es que se llamaba Jordi y hablaba con acento mexicano. Como contestación, contó la historia del exilio de su familia en no más de 10 minutos. Cuando terminó su rápida explicación los alumnos se quedaron mirándole desconcertados, como si acabara de contarles algo que hubiera sucedido en otro país o en la época del Imperio Romano. Tras las preguntas y las caras de asombro, dejó su conferencia de lado y habló largo y tendido sobre el exilio republicano, sintiéndose un poco ofendido de que esta información hubiera sido extirpada de la historia oficial de España. Las razones de este desconocimiento pueden ser muchas, pero algunas de las más inmediatas las he obtenido de las explicaciones de mis estudiantes. Unos me señalan que los acontecimientos más recientes apenas se abordan en la asignatura de historia del bachillerato, debido a la extensión del programa, lo que hace que las explicaciones se acaben cuando comienza el franquismo; otros apuntan que en esas clases percibían la impresión de que los profesores, no todos, por supuesto, demostraban poco interés en querer entrar en lo que parece ser un agujero negro en nuestra historia. Tampoco en las familias se habla del tema, ni siquiera del tardofranquismo que han vivido sus padres. Hace pocos años, hablando distendidamente con estudiantes de doctorado, me confesaban que no conocían nada acerca de las muertes que se produjeron en el final del franquismo y el inicio de la transición. No sabían nada acerca de la matanza de Montejurra, ni de la de Vitoria, ni sabían nada acerca de la muerte de estudiantes como Luz Nájera, Carlos González, ambos de la Universidad Complutense. Algo sí sabían sobre la matanza de Atocha. La idea que tienen los universitarios del franquismo es generalmente vaga, algo así como que fue una dictadura y que algunos de sus padres corrieron delante de los grises, planteándolo como algo divertido y folklórico, sin que se sepa que detrás de esas carreras había detenidos, torturas, expedientes de expulsión de la universidad, depuraciones, exilios, e incluso muertes como la de Enrique Ruano. Bien es verdad que este desconocimiento procede tal vez del pudor de muchos padres de no hablar de esa parte de la historia que hemos vivido.

vanoayer.jpg Y es que sobre el tardofranquismo, aunque haya novelas extraordinarias como El vano ayer, de Isaac Rosa, se ha escrito poco. Mi experiencia como profesor me indica que los estudiantes saben más del nazismo, gracias al cine, o de lo que sucedió en las dictaduras de Chile y Argentina, por las informaciones de los medios de comunicación, que de lo que fue nuestra dictadura, y, por supuesto, que no tienen una idea exacta de la brutalidad que supuso el régimen de Franco. Hay otro factor más que aclara este escaso conocimiento sobre el ayer cercano, y es que, en la actualidad, la curiosidad intelectual y la inquietud política y cultural es menor que la que había en esos años sesenta. Asimismo hay una menor afición por la lectura y, por tanto, también menos interés por averiguar por uno mismo, como se hacía entonces, aquello que no se encuentra en los programas de las asignaturas oficiales. El porqué esto es así tendría que ser objeto de un análisis sociológico más profundo, que no es lo que pretendo hacer aquí ya que tan sólo quiero dejar constancia de un hecho. Tampoco pretendo juzgar ni condenar a nadie por su desconocimiento, aunque sí lamentar que esto suceda, ni comparar generaciones. Son momentos diferentes que responden a realidades distintas, y en la actualidad hay cosas mejores y otras peores, en lo que a preparación intelectual se refiere y respecto a lo que sucedía en los años sesenta, que tampoco debe ser un decenio ni mucho menos mitificado.

Creo necesaria, no obstante, la adaptación de la enseñanza a los tiempos actuales, y también que no debemos consentir que la historia de España más cercana haya quedado extirpada o deformada, máxime cuando llevamos 30 años de democracia y ésta se encuentra ya consolidada."

Carlos Berzosa es Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

 Publicado en El Pais el 7 de enero 2008 y reproducido en Sin Permiso

Gregorio López Raimundo

amcastells 18/11/2007 @ 12:03

Gregorio Lopez Raimundo

Conocí personalmente a Gregorio López Raimundo como militante del PSUC en la universidad, cuando todavía "el partido" crecía en la clandestinidad, cuando la tortura y la cárcel eran una realidad demasiado frecuente, posible y cercana para las mujeres y los hombres comunistas y el heroismo y la resistencia de Gregorio eran para los estudiantes de la época un referente a admirar e imitar, y muy cercano.

Me cautivó su sencillez y su capacidad para comprender todo lo humano. Ya entonces los que Manuel Sacristán llamaba "bonzos de la política" estaban ajando una historia de lucha democrática y de clase, pero Gregorio, empujado --a veces sin miramientos-- hacia las bambalinas, seguía sonriendo a la juventud y transmitiendo la convicción que es posible luchar por un mundo más digno e igualitario, y transformar la sociedad sin dejarse en el camino ni un sólo átomo de humanidad. Más tarde me sorprendió lo fácil que era leer en su rostro; Gregorio era capaz de transmitir esperanza o advertir errores con un simple gesto y muy pocas palabras, y cómo su mano podía alentar o insinuar disuasión sin imponer nunca un dictado al que tan proclives eran algunos políticos que le rodearon. Cuando pienso en toda una vida dedicada a la política desde las ideas más nobles y en el más absoluto desinterés personal pienso en Gregorio y en Josep Serradell (Román)... ellos han sido todo lo contrario de lo que pueda definir la expresión "clase política", si es que ese concepto tuvo alguna vez algún sentido.

Jordi Miralles ha definido a Gregorio como un hombre valiente, coherente y unitario: me uno a sus palabras, en especial cuando destaca que este comunista catalán de Tauste supo unir lo social y lo nacional en una misma lucha política. Gregorio López Raimundo supo además imprimir en nuestra historia la dignidad forjada en la lucha obrera, democrática y antifascista, y la enriqueció con la ingente sabiduría del que ha aprendido tanto en los libros como en el trabajo y en el roce y las palabras de la saga de tantas mujeres y hombres dispuestos a conseguir para el mundo mayor justicia e igualdad.

Gregorio López Raimundo puso un sello humano y personal a sus trabados ideales que hoy heredamos: los calabozos y tantos años de lucha pudieron quizás deformar y envejecer su cuerpo, pero en absoluto su ánimo y su empeño. En las mujeres y hombres que nos identificamos con su herencia recae ahora la dignidad de su ejemplo.

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JOSEP GIBERT - In memoriam

amcastells 09/10/2007 @ 08:45

gibertentrevista.jpg

En record de Josep Gibert, una gran persona, camarada i científic --a Catalunya no ens adonem del que tenim fins desprès d'haver sufert la seva pèrdua, i a vegades ni aleshores-- vull deixar que siguin les seves paraules pronunciades l'any 2000 davant de joves geòlegs les que avui commemorin el seu comiat:

"LA GEOLOGÍA UNA PROFESIÓN VOCACIONAL:

Los organizadores del Primer Encuentro Nacional de Jóvenes Geólogos me piden que les hable sobre nuestra profesión y sólo puedo intentarlo hablando de la experiencia personal acumulada en más de treinta años, e intentar describir lo que ha sucedido en el ámbito de la geología en este periodo.
Mi promoción es la tercera que estudia la carrera de Ciencias Geológicas, pues antes no existía la licenciatura como tal, se estudiaba Ciencias Naturales, lo que implicaba una formación extensa en biología y en menor grado geológica. En nuestro caso y teniendo en cuenta la reciente segregación y la falta de especialistas en la universidad se impartían algunas asignaturas propias de las ciencias naturales como Botánica y Zoología, además de las Matemáticas, Física y Química muy poco enfocadas hacía aspectos geológicos. Curiosamente era obligatoria la Paleontología Humana. Las asignaturas estrictamente geológicas eran pocas y el nivel escaso. La teoría de la Tectónica de Placas aún no se conocía. La Estratigrafía, Sedimentología se estudiaban a nivel teórico casi memorístico al dictado de textos americanos, aquí aún no existían especialistas, los primeros, en Cataluña, fueron el Dr. Rosell y la Dra. Virgili. La Geografía Física era la asignatura que dominaba la carrera. La impartía el Dr. Soler Sabaris que era un buen pedagogo, herencia de su pasado en la Enseñanza Media, y sus excursiones muy didácticas, conocíamos toda Cataluña y sabíamos interpretar el paisaje, más como geógrafos que como geólogos. Los contactos internacionales no existían. Quizás el científico de este ámbito más conocido fuera de España era el Dr. Crusafont Catedrático de Paleontología. En definitiva, nuestra ciencia estaba en los inicios.
Por otra parte éramos pocos alumnos, doce en mi promoción y solo existían cuatro universidades donde se enseñaba Geología: Barcelona, Madrid, Granada y Oviedo. Las salidas clásicas eran la enseñanza aunque con mi promocián se inició una amplia gama de posibilidades. La Confederación Hidrográfica del Pirineo Oriental solicitó geólogos, los estudios de Hidrogeología comenzaron con mi generación. La inició el Dr. Llamas un ingeniero de Caminos que nos dictó un cursillo rápido del que salieron los dos primeros catedráticos de la asignatura. El Instituto Tecnológico y Geominero (entonces Instituto Geológico y Minero) estaba en expansión y gracias a la necesidad de realizar mapas geológicos se contrataban geólogos. La Universidad y el CSIC iniciaron su renovación para adaptarse a los tiempos del desarrollo propios de los años sesenta y muchos de mis compañeros ocuparon plazas en la universidad o en el CSIC. En realidad fue la primera generación que abrió fronteras y se perfeccionó en Europa. Sin duda el paro no se conocía y la promoción estaba asegurada. Incluso se podía escoger la especialidad, en mi caso la Paleontología, que en los años sesenta era una rareza.
En más de treinta años la profesión ha cambiado mucho. A pesar de los males endémicos de nuestra universidad, que no tienen solución, los geólogos están mejor formados y, sobre todo, tienen más posibilidad de perfeccionarse en cursos, congresos, doctorados, masters etc., de viajar y reciclarse en otras universidades europeas o americanas por lo que la formación se alarga considerablemente. Un buen profesional empieza a estar formado a los cinco años de terminar la carrera después de adquirir experiencia profesional o haber perfeccionado los conocimientos universitarios fuera del ámbito estrictamente académico.
Las posibilidades de trabajo han aumentado abriéndose a nuevas expectativas antes inimaginables como son los trabajos relacionados con el medio ambiente (auditorías ambientales, estudios de impacto, depuradoras, vertederos, residuos, ordenación del territorio, etc), obras públicas (carreteras, AVE, túneles etc.), recursos hídricos (aguas subterraneas, control de ríos), estudios de riesgos naturales (avalanchas deslizamientos, riadas, terremotos), recursos naturales (petróleo, carbón, canteras), estudio de zonas de riadas (desertización, erosión y conservación del suelo). Muchos de estos trabajos se pueden realizar en empresas privadas pero también en servicios públicos vinculados a las autonomías, ayuntamientos, diputaciones y ministerios.La investigación también ha ampliado sus campos y abarca un amplio espectro, desde el estudio de nuevos materiales (hay geólogos que trabajan en cristales para la NASA y nuevos modelos de prótesis) hasta la Paleontología Humana (ciencia que yo practico).
Quizás lo más difícil para el joven geólogo sea optar por opciones de futuro al finalizar sus estudios. Hay varias posibilidades. Las más extremas son buscar, encontrar trabajo y ejercer la profesión de manera inmediata o por el contrario profundizar en la formación a la búsqueda del trabajo satisfactorio. Son opciones personales en las que es difícil aconsejar. Es cierto, que en estos momentos, hay posibilidades de encontrar trabajo y que se exige mucha movilidad, capacidad de adaptación y versatilidad. El mercado de trabajo es muy móvil, inestable e inseguro por lo que debe adquiriese un perfil amplio, pero dentro de unas especialidades y edades. A los treinta se debe tener un aceptable
curriculum profesional y una buena formación.
La geología es una profesión muy vocacional o por lo menos para mí. Esto debe proporcionar una satisfacción complementaria que nos permita un plus de felicidad ejerciendo nuestro trabajo. Cada vez es más difícil escoger el trabajo más satisfactorio, el que realmente nos gusta y ejercerlo con libertad, sin presiones. La vida del geólogo muy vinculada al campo, permite estar en contacto con la naturaleza, viajar, alejarse de los jefes y disfrutar de atardeceres agradables y tertulias científicas ante una buena mesa. Mis mejores momentos los he pasado trabajando en el campo, descubriendo nuevos yacimientos paleontológicos en las depresiones terciarias de España.
Las nuevas leyes económicas exigen la máxima rentabilidad con el mínimo tiempo y gran calidad, lo que es una utopía e incompatible con la capacidad creadora vinculada a toda profesión que exija un razonamiento científico. Se debe anteponer el rigor y la calidad a las urgencias y exigencias lo que crea situaciones complejas y de tensión. Un trabajo bien hecho es satisfactorio. Una obra bien hecha es la culminación de una vida, algo muy difícil de conseguir y que la sociedad en que vivimos casi no valora. El trabajo de geólogo, como el de todo científico, tiene que ser meticuloso. Los datos de campo bien tomados según las exigencias de los objetivos y las síntesis finales meditadas y razonadas.
La competitividad es otro elemento agresivo. Ser competitivo y ambicioso parece natural pero siempre que se guarden las más elementales normas ‚éticas. En la actualidad se prima la competitividad sobre otros valores, lo que en ocasiones obliga a actuaciones indecorosas como copiar artículos, esquemas, columnas y otros datos robando datos de colegas. Es cierto que estos hechos lamentables suceden y otros peores. No obstante he percibido un mayor compañerismo entre geólogos que en otras profesiones quizás se deba al contacto con la naturaleza que debe proporcionar mayor sensibilidad y sentido de la responsabilidad.
Los jóvenes geólogos deben potenciar en el futuro algunos valores esenciales, como son: la pasión por el conocimiento, el respeto a la naturaleza y el rigor del método científico, esto facilitará compaginar el trabajo y la felicidad."

Ignasi Fina: dues roses en el Saló de Cent.

amcastells 27/04/2007 @ 12:28

Ahir, en el Saló de Cent de l'Ajuntament de Barcelona, vàrem recordar l'amic i company Ignasi Fina. Dues roses en el seu seient de regidor semblaven presidir una sala plena de gom a gom. Vàrem recordar la seva vida dedicada a la salut entesa com a bé públic i a la necessitat d'impulsar i desenvolupar els estudis i les pràctiques de salut laboral: en aquest sentit, l'any 1980 va crear el primer centre municipal de salut laboral, i en la seva carrera professional va ser pioner en la denúncia dels efectes cancerígens de l'amiant i altres substàncies força utilitzades a la construcció i igualment perjudicials fins aconseguir que fossin prohibides. Nolasc Acarin va recordar el seu llibre pioner sobre les malalties professionals, i el despatx que va dirigir fins a ser escollit regidor de l'Ajuntament de Barcelona a les llistes de ICV-EUiA era la referència obligada en la defensa dels interessos de les treballadores i els treballadors per al reconeixement de situacions invalidants i indemnitzacions per malalties professionals. Una vegada regidor, va recuperar amb el seu amic, el també metge Antoni Barbarà el Consell Assessor de Salut Laboral, del que n'era president, i la realització de dues Jornades de Participació en Salut Pública promovent la participació ciutadana, creant els Consells de Salut de Districte i el grup de Salut del Consell Municipal de Benestar Social.

Ahir varen parlar en el Saló de Cent moltes persones des del sentiment i la raó: Marià Pere, Nolasc Acarin, Jordi Miralles... Però voldria destacar de manera especial les paraules de Mar Serna. La Consellera de Treball es va deixar de tot protocol i es va presentar com amiga i companya, molt aprop d'una manera comuna d'entendre el servei públic i la defensa de les treballadores i els treballadors, i assenyalant les moltes vegades que des de camps professionals diferents havia coincidit amb l'Ignasi Fina. Altres persones varen destacar la seva nissaga de lluitadors, la seva lluita per la democràcia ja des de la Universitat, i els dos anys passats a la presó franquista de Conillera.

En l'adolorit cor d'esquerres de l'Ignasi Fina hi havia un lloc destacat per Catalunya, la classe obrera i la salut laboral dins la salut pública. En el Saló de Cent, en acomiadar l'acte, el Cant dels Ocells es va barrejar amb una Internacional massa envergonyida, en tant que des de les pantalles de video l'Ignasi ens mirava somrient, entre els seus éssers estimats i l'onejar de banderes vermelles, transmetent el plaer de viure i les conviccions més nobles. Com ens recordava Bertold Brecht, l'Ignasi Fina era dels imprescindibles...