Saltan a la palestra polemistas que parecen surgidos de la nada, sin historia vivida ni compartida, de memoria plana y argumentación confusa que para defender el viejo pensamiento único reclaman pluralidad con la boca pequeña, que para defender monopolios caducos atacan un Estado que no pasa de aprendiz de laico, y sobre todo confunden democracia con algarabía en la plaza pública, sin empoderamiento real de la ciudadanía, sin control desde abajo de lo que deciden los de arriba, sin igualdad real de oportunidades. (Ver, si apetece, comentario de H.I. al post anterior)
Cuando durante demasiados años, quinquenios y decenios lo que generosamente llamaré pensamiento de jerarquía católica y derecha ultramontana ha ocupado todo el espacio público, difícil es que no se sienta arrinconado si, en pie de casi igualdad, se proclaman nuevas maneras de pensar y de vivir, menos opresivas, más libres. Sus paniaguados de la faes y las jons mienten reiteradamente sobre un prentendido monopolio de la moral del Estado porque se aferran a su oxidada supremacía que pretendían indiscutible... Digamos las cosas por su nombre: no se trata de defender la convivencia de “morales” así, en plural, sino de que no se vea amenazada la doble moral con la que quisieron amargarnos infancia y juventud a muchos hombres y mujeres de las clases subalternas mientras que los otros, los de la gran burguesía y la aristocracia, siempre supieron que no había que creer en el infierno...
Y ahora, una perla más de la versión que obispos y cardenales nunca objetaron de la “educación para súbditas”, que no para ciudadanía....
“Ten preparada una comida deliciosa para cuando él regrese del trabajo. Especialmente, su plato favorito. Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado, placentero. Prepárate: Retoca tu maquillaje. Coloca una cinta en tu cabello. Hazte un poco más interesante para él. Su duro día de trabajo quizá necesite un poco de ánimo y uno de tus deberes es proporcionárselo.
Durante los días más fríos deberías preparar y encender un fuego en la chimenea para que él se relaje frente a él. Después de todo, preocuparse por su comodidad te proporcionará una satisfacción personal inmensa.
Minimiza cualquier ruido. En el momento de su llegada elimina zumbidos de lavadora o de aspirador. Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle. Escúchale, déjale hablar primero: recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta, en cambio, comprender su mundo de tensión y estrés y sus necesidades reales. Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se recueste en la recámara. Ten preparada una bebida fría o caliente para él. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que él es el amo de la casa.
Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tu tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres. Al final de la tarde, limpia la casa para que esté limpia de nuevo en la mañana. Prevé las necesidades que tendrá a la hora del desayuno. El desayuno es vital para tu marido si debe enfrentarse al mundo exterior con talante positivo.
Una vez os hayáis retirado a la habitación, prepárate para la cama lo antes posible teniendo en cuenta que, aunque la higiene femenina es de la máxima importancia, tu marido no quiere esperar para ir al baño. Recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama... si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera a que él esté dormido ya que esto podría resultar chocante para un hombre a última hora de la noche. En cuanto respecta a la posibilidad de relaciones íntimas con tu marido, es importante recordar tus obligaciones matrimoniales: si él siente la necesidad de dormir, que sea así, no le presiones ni estimules la intimidad. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pide prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. Es probable que tu marido caiga entonces en un sueño profundo, así que acomódate la ropa, refréscate y aplícate crema facial para la noche y tus productos para el cabello. Puedes entonces ajustar el despertador para despertarte un poco antes que él por la mañana. Esto te permitirá tener lista una taza de té para cuando se despierte.”
Sacado de “Economía doméstica para bachillerato y magisterio”, Sección Femenina, 1958.