CITAS EN DEFENSA DE LA ILP
Es algo obvio que se puede aprender mucho de los libros. Por ejemplo, en las visitas y peticiones de audiencia a los políticos catalanes para explicarles el propósito de la ILP sobre la fibromialgia y la Síndrome de la Fatiga Crónica he recordado demasiadas veces el magnífico libro de Albert O. Hirschman, Retóricas de la intransigencia, FCE, México D.F., 1991. Para el tema que nos ocupa, quiero hacer mención especial de la trilogía de tesis que Hirschman enumera como las más usadas para negar la razón a las personas que exigen lo que realmente necesitan: la del riesgo, la de la futilidad y la del efecto perverso. Las tres se han utilizado y siguen utilizándose para combatir, ridiculizar o desnaturalizar las ideas y reivindicaciones de las mujeres a lo largo de la historia, y ahora se utilizan también por parte de unos cuantos para negar la mejora en el tratamiento de estas enfermedades:
El riesgo: “Si se aprueba una ILP para quienes padecen fibromialgia y SFC pueden pedirla otros colectivos de enfermos …” Personalmente no veo donde está el riesgo; si otros colectivos de personas con problemas de salud se meten en los duros trabajos de promover una ILP es que no se sienten bien atendidas, y el riesgo lo supone quien propone políticas de salud no adecuadas.
La futilidad: El comentario hecho explícito: “Hay especialistas que, en privado, reconocen que no hay para tanto”. Pero bueno, si ni el propio personal médico se cree las enfermedades, ¿entonces quién las va a tratar? ¿Realmente alguien se cree que vivimos en un mundo de simuladores, de fingidores, de personas que prefieren quedarse en casa sufriendo cuando la vida está fuera, en la calle, con las amigas y amigos, en las playas…? Personalmente me siento tan indignada que paso al punto siguiente:
El efecto perverso: Para las propias personas enfermas que por consejo médico (¿)” tienen que salir, distraerse, poner más de su voluntad…. Si se las toma en serio no se les hace ningún favor”… El mejor ejemplo, una señora que por indicación del médico de atención primaria --y derivada por él-- acaba de pedir hora en la Unidad de Fibromialgia del Hospital Clínico y tendrá que demorar los “efectos perversos” de ser atendida más de dos años (por listas de espera sanadoras, se supone…)
Hace tiempo escribí que “las personas que pueden organizarse en grupos de presión para defender sus intereses, se encuentran de hecho con la desligitimación de sus necesidades puesto que cualquier petición o reivindicación de la normalidad democrática –una disminución del recibo del agua, reducción de la jornada laboral, incrementos de salarios, gratuidad de las medicinas o un buen servicio de prevención de la salud-— atentan contra la lógica de las necesidades neoliberales establecidas porque se alega que tendrían consecuencias inflacionarias, o incrementarían el déficit del Sector Público, o ambas cosas a la vez.” Y así hemos llegado al desencuentro total entre las necesidades reales, básicas, de las personas, y las necesidades del neoliberalismo: por ejemplo, los pasos sutiles, pero continuos, de privatización del sistema de salud.

Agnes Heller nos decía también que “en los casos más extremos, también el capitalismo ha llegado a declarar las necesidades existentes como no existentes en una nueva forma de dictadura sobre las necesidades. Pero, en su forma manipuladora más refinada, el sistema reconoce las necesidades existentes sin permitir la producción de formas alternativas de vida, acabando por incrementar la neurosis y la violencia en la sociedad.”
De todas las citas anteriores, se puede escoger una o varias: todas ellas sirven para desenmascarar a los que no quieren ver la necesidad de lo que se pide en una ILP que cada día recoge más apoyos de la sociedad civil.

La Tafanera
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