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Barbara Ehrenreich: Buscando Estímulos Desesperadamente

barbara-ehrenreich.jpg"Con toda esta cháchara sobre estímulos se podría pensar que la economía es un clítoris gigante.  Ben Bernanke puede no emplear este imaginario, pero el desafío inmediato –junto a la cuestión de cómo tratar los temas de  Irak y la inmigración en la carrera a la Presidencia—es descubrir la mejor manera de meter la economía  en vereda y zumbando de nuevo.

Sería irresponsable hablar mucho sobre el plan de estímulo de Bush ya que con sólo mencionarlo índices como el  Nikkei, el DAX y el que se llama curiosamente FTSE y Sensex cayeron de nuevo en la zona del crash. En un gesto típicamente regresivo, Bush propuso desgravaciones fiscales en efectivo—excepto para las familias que ganasen menos de 40.000 dólares anuales.  Éste podría considerarse un buen ejemplo de lo que Naomi Klein llama "capitalismo del desastre" en el cual cualquier desgracia puede ser reconducida a ventaja para los ricos.  

Pero incluso las propuestas de los más progresistas me han preocupado – y no tanto por su contenido como por la idea que subyace. La mayoría de los progresistas quieren un paquete de medidas de estímulo que incluyan un incremento de los bonos para alimentos y una ampliación de los subsidios de desempleo, y ambas medidas me parecen tremendamente obvias. En la actualidad, los bonos significan aproximadamente  1 dólar por comida (…) y por lo que al subsidio de desempleo se refiere, dura 25 semanas en la mayoría de estados y cubre sólo una tercera parte de las personas despedidas. Si hubiera un momento para crear un sistema de verdad de compensación por desempleo sería ahora.   Citigroup ha anunciado que planea eliminar 21,000 puestos de trabajo; los bancos de inversiones en  general despedirán  40,000 personas. La industria hipotecaria se encuentra en estado de fusión y  Sprint--¿cómo se habrá metido en eso?—pondrá en la calle a  4,000 personas que trabajan la jornada completa y  1,600 a tiempo parcial.

La idea económica que subyace a un paquete de estímulo "progresista"  y que se puede escuchar diversas veces al día, es que los pobres y los desempleados recientes gastarán todo el dinero que se les dé.  Ya se les dé más dinero en forma de bonos o como subsidio de desempleo, todo se les escurrirá de las manos. El dinero, se dice,  se pega a los ricos pero a los pobres se les escurre, y esto les convierte en el  desencadenante del estímulo. Después de décadas de oír cómo se acusa a los pobres con el estereotipo de perezosos, estúpidos, adictos y proclives a delinquir, ahora se les ha descubierto una virtud singular: son una auténtica máquina de gastar

Todo esto es verdad, pero es también una forma de fetichismo económico --¿o debería decir culto?  Si en los últimos años hemos aprendido algo es que la economía ha dejado de ser una medida efectiva del bienestar humano. Hemos visto crecimiento económico sin incrementos de salarios. Hemos visto crecer la productividad sin incrementos de salarios. Hemos visto caer el desempleo sin incrementos de salarios. De hecho, cuando los economistas quieren hablar de la vida “sobre el terreno” donde los puestos de trabajo y los salarios y el precio de los cereales  Special K son de gran importancia, hablan de la “economía real”. Si existe una "economía real"  ¿qué demonios es  "la economía?" (…) Hasta donde puedo decir, “la economía” opuesta a la “economía real” es el reino de la inversión, y la ocupa gente que vive de intereses y dividendos en vez de sueldos y salarios, es decir, los ricos.

De manera que propongo un cambio radical de retórica: cualquier paquete de estímulos debe centrarse en los pobres y los desempleados, no porque gasten más sino porque están más necesitados de ayuda. Sí, cuando un padre puede permitirse comprar Enfamil, ayuda a la empresa  Enfamil y sin lugar a dudas también a  "la economía". Pero no tiremos al bebé con las sensuales burbujas del baño “estimulante”.  En cualquier cálculo moral, el bebé va primero.  

Lejos de mí hacer la sugerencia revolucionaria de que los bebés son más importantes que los beneficios. Lo que afirmo es que nuestra economía –con sus mareantes burbujas, sus fuentes crediticias, sus reducciones  implacables de plantillas y la hipersensibilidad planetaria—se han desconectado demasiado de las necesidades humanas corrientes.  Podríamos abordar la crisis actual como una oportunidad para conseguir, como mínimo en parte, ayudas del gobierno para las personas más necesitadas. O podemos esperar y mirar mientras el  imaginario adecuado se vuelve desagradable y esta criatura fantasmagórica, “la economía” empieza a actuar como un yonqui nimfomaníaco con síndrome de abstinencia."

[Publicado en The Nation el  22 de enero del  2008]

   

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