Mujeres de Afganistán (I)

"Somos como pájaros que han salido de la jaula, pero con nuestras alas aún recortadas", nos dijo una estudiante de Kabul. Las mujeres disfrutan de una vida mucho mejor que con los talibanes, pero todavía se enfrentan a limitaciones de otros tiempos
Zeinab, de 22 años, creyó que sólo con la muerte podría huir de las despiadadas palizas de su marido. Así que ella misma se prendió fuego, y aunque sobrevivió, un tercio de su cuerpo está cubierto por ampollas y cicatrices. Quedará desfigurada y, a menos que regrese con un marido que abusa de ella, perderá probablemente a sus dos hijos.
El aula donde estudia Nazira, de 12 años, es una tienda sofocante, y su escritorio un tapete de plástico en el suelo. Pero sus maestros dicen que es uno de sus alumnas más brillantes, y animada por su madre y su padre, desea aprender todo lo que pueda. Sus ojos brillan cuando nos revela su ambición: ser médico.
Casi ocho años después de la caída del movimiento de los talibanes, las mujeres afganas viven en la cúspide del triunfo de la tragedia. La vida es mejor de lo que era bajo el régimen talibán, cuando se les prohibió salir de casa sin un pariente varón, se las pegaba por "infracciones" tales como reírse, se las privaba de escolarización y empleo, y tenían que cubrir siempre su rostro en público. Pero decenas de niñas y mujeres entrevistadas durante varios meses en hogares y mezquitas, en parques y en cárceles, en los mercados callejeros y en las aulas, transmiten la angustiosa sensación de que lo que se ha conseguido no es lo que habíamos esperado. Que después de todo este tiempo, de todo este esfuerzo, la vida debería ser diferente. Y mucho mejor.
"Es una especie de libertad, sí," dijo una universitaria llamada Zarifa, que como otras mujeres entrevistadas no querían ver publicado su nombre completo. "Somos como pájaros que han salido de la jaula, pero a las que han cortado las alas."
Los sueños frustrados de las mujeres afganas reflejan un sentimiento palpable de desilusión en un país todavía roto, a pesar de los miles de millones de dólares en ayuda internacional y de la larga campaña militar de la OTAN en Afganistán.
Muchos afganos de ambos sexos describen cómo el embriagador optimismo que sintieron con la caída del gobierno talibán en el 2001 se ha ido substituyendo por una creciente inquietud en los últimos tres años, como la reaparición de la insurgencia, el incremento de la la violencia y la corrupción, mientras que la reconstrucción del país avanza demasiado lentamente.
A pesar de que los ataques del 11 de setiembre sirvieron para justificar la invasión liderada por Estados Unidos, se hizo creer que con ella las mujeres afganas se verían liberadas de un reino medieval de crueldad. Y se utilizó la situación de las mujeres para dar una poderosa base moral para la guerra.
"Creo que, de alguna manera, Occidente pecó de ingenuo" dijo Manizha Naderi, una activista de los derechos de la mujer. "Se creyó que cuando los talibanes se hubieran ido todas íbamos a librarnos de nuestro burkas y celebrarlo. Pero no ha sido así." Y Maniszha lo atribuye a las tradiciones culturales profundamente arraigadas que son anteriores a los talibanes y que persisten por la pobreza, el analfabetismo y la creciente inseguridad del día a día.
"Cuanto más se deteriora la seguridad, mayor es el número de mujeres vulnerables", afirmó Sima Samar, que dirige la Comisión Independiente de Derechos Humanos. "No me gusta para nada esa palabra: vulnerables. Pero ésa es la realidad ". Para muchas mujeres afganas, el sentimiento de privación es todavía mayor con las elecciones nacionales programadas para el jueves. Sólo dos mujeres son cabeza de lista cuando se presentan unas 40 formaciones políticas. Y aunque son muchas más las mujeres que optan a escaños en las asambleas provinciales, la intimidación es algo común. Algunas mujeres han recibido amenazas de muerte simplemente por atreverse a mostrar su cara en los carteles de la campaña electoral. Y casi nadie cree ya que las elecciones puedan representar ningún cambio a mejor en la suerte de las mujeres.
El Presidente Hamid Karzai, que se espera gane las elecciones incluso si se ve obligado a una segunda vuelta, ha hecho numerosas concesiones a los elementos religiosos más conservadores a cambio de su apoyo político. Así, ha escandalizado que aprobara una controvertida ley que tolera la violación en el matrimonio... aunque se ha comprometido a revisarla.
"En estas elecciones apenas se debaten los derechos de la mujer en esta elección, no son ninguna prioridad", dijo Samar. "Ninguno de los principales candidatos habla valientemente sobre el tema, que ha quedado totalmente desdibujado."
El original, en inglés, de Laura King, se publicó en Los Angeles Times y lo hemos visto en Truthout
Ver también, sobre este tema: Karzai mercadea los derechos de la mujer a cambio de votos chiitas, en Amanece que no es poco
y en Kabila ¿Qué hacemos defendiendo este miserable gobierno?

La Tafanera
del.icio.us





Siempre estamos con el mal menor, a expensas de elecciones. Nunca se ataja el problema, lamentable. Y nosotros ahí, con peligro de muerte en una guerra difícil a cambio de nada.
Salud y República
No es una guerra sino una colonización y dominio con el nada despreciable objetivo de controlar el 90% de la producción de opio y sus carísimos y controvertidos derivados, desde la morfina y la codeína hasta la heroína. ¡Poca coña!
Como en Colombia o Perú no se elimina al traficante amigo (Uribe-Karzai) sino a la competencia "desleal" que va por libre, a la que se arruina y masacra.
Si no se legaliza el consumo de drogas es por los inmensos beneficios que generan en las más altas jerarquías del orbe. La Ley Seca ya demostró -así como la larguísima experiencia de las brigadas antinarcóticos- la inutilidad y nefastas consecuencias de la prohibición irracional e hipócrita actual. Salut i aigua de mina!
Carles, ets un savi, i com sempre enriqueixes aquest bloc amb els teus comentaris. Una abraçada, company!
Coi, gràcies, estimada! Sort que no em veieu posar vermell! Carles.